Transtornos Mentales
junio 29, 2010
Narcisimo, toda una tragedia griega
POR Redacción
Los trastornos de personalidad no representan una patología per se, sino una forma de ser e interpretar la realidad de la circunstancia social que se vive.
Historiadores, filósofos, sociólogos y analistas sociales en general, coinciden en afirmar que podemos estar viviendo la cúspide del narcisismo como un reflejo de nuestra cultura.
Si el comportamiento narcisista es cada vez más frecuente, se debe a factores psicoculturales en la actualidad, un capitalismo voraz con sus manifestaciones como son: un sistema democrático-autoritario, la globalización económica, la sociedad de consumo, la comercialización, la competitividad, la búsqueda del éxito cuantificado en bienes materiales, el postmodernismo, los libros de superación personal y la información mediática, factores que, entre otros, han filtrado nuestras ideas hasta identificar las necesidades como propias sin cuestionarlas, sin buscar otras opciones, lo que significa la pérdida de la libertad y el vacío existencial. El hombre, como dice Giovanni Sartori “ha dejado de ser homo sapiens para convertirse en homo videns”.
Narciso, una flor
El origen del concepto narcisista proviene de la mitología griega. Concretamente del mito de Narciso. La versión más antigua la aporta Ovidio (43 a. C.) en su libro III de Las metamorfosis.
La leyenda cuenta que Narciso era el hijo de la ninfa Liríope, fruto de la violación del dios del río, Cefiso. Su madre consultó al adivino Tiresias sobre el futuro de su hijo. Él le vaticinó que viviría una larga vida, a menos de que llegara a conocerse a sí mismo. Desde joven, su extraordinaria belleza atraía a jóvenes y muchachas. Su orgullo le hacía rechazar con desprecio e indiferencia a todos los que le amaban. Una de las desdeñadas pidió clemencia y castigo a Némesis, la diosa de la venganza. Ésta, castigó a Narciso haciendo que al inclinarse a beber de una fuente, observara su imagen en el agua y se enamorara instantáneamente de su propio reflejo. Esto le llevó a consumirse por su pasión y murió, transformándose después en una flor que se llamaría Narciso.
Cómo reconocer a un narcisista
No siempre los personajes cotidianos padecen un Trastorno Narcisista de la Personalidad como patología psiquiátrica. Convivimos con muchas personas con rasgos narcisistas. Se encuentran en todas partes, ya sea en nuestros centros de trabajo, en las figuras públicas de los noticieros, en el espectáculo e incluso en nuestra vida privada; puede ser la persona que no deja de hablar de sus planes y éxitos sin dar el turno de la palabra al interlocutor.
Estos son los rasgos más predominantes en una personalidad narcisista:
*Carencia de empatía; incapacidad o resistencia a identificarse, reconocer o aceptar los sentimientos, necesidades, preferencias, prioridades y elecciones del otro; lenguaje corporal altanero; la postura física exuda superioridad, señorío, poderes ocultos, misterio, estudiada indiferencia, entre otros. Aunque el narcisista suele mantener el contacto visual, se abstiene de la proximidad física (conserva su territorio), su actuación social puede ser bromista y condescendiente desde una posición de supremacía.
*Concede el privilegio de su presencia. Puede mantenerse como simple observador, se siente merecedor de trato especial. Siempre trata de obtener consideración de algún tipo: no esperar en las colas, o que el psicólogo le considere “distinto”, hablar directamente con gente de autoridad pasando por alto secretarias y porteros o conseguir condiciones de pago especiales y a medida. También suele requerir al maitre en el restaurante o monopolizar al camarero. En caso de que se le nieguen estas prebendas reacciona coléricamente y con indignación, idealización o devaluación.
* El narcisista clasifica instantáneamente a su interlocutor, idealizándolo o devaluándolo, todo depende de si éste posee potencial como “suministro de alimento para su ego”; si no es así, puede ser humillante e hiriente.
*Pertenencia al club. El narcisista necesita y trata de “pertenecer” a todos los grupos. Por ejemplo, si está hablándole al médico, de entrada le dice que no ha estudiado medicina, para seguidamente darle un discurso versado sobre el tema de consulta. De este modo intenta dejar al profesional impresionado por su inteligencia excepcional. Jamás reconoce su ignorancia en ningún campo, aunque suele tocar de oído y no es difícil “pescarlo”.
*Falsa biografía y fanfarronería. Su discurso está plagado de “yo”, “mi” y “mío”. Se describe como inteligente, o rico, o humilde, o intuitivo o creativo, pero siempre en grado excesivo, no plausible y extraordinario.
*Su biografía suena excepcionalmente rica y compleja. Sus logros denotan desproporción con su edad, educación y renombre.
* Su condición real es demostradamente incompatible con sus asertos. Muchas veces sus fantasías y mentiras se detectan con facilidad. Desliza nombres de gente importante y se apropia de las experiencias y éxitos de los demás.
*Su lenguaje es desprovisto de emoción. Le gusta hablar sobre él mismo y de nadie más que de él. No se interesa por los demás o lo que tienen que decir, a no ser que sean potenciales “suministradores de alimento para su ego”.
*Se muestra aburrido, desdeñoso e incluso enfadado si abusan de su preciado tiempo. En general el narcisista es impaciente, se aburre fácilmente y distrae su atención si no es él el tema de la conversación.
*En caso de que alguien se interese por sus emociones, el narcisista suele hablar en tercera persona, intelectualizar o ironizar. Muestra una extremada seriedad y reverencia por sí mismo. Puede denotar un excelente sentido del humor, irónico y agudo, pero raramente a costa de sí mismo. La importancia de su misión en la vida es cósmica, de consecuencias globales. Por ejemplo, si es científico, su investigación es crucial para la humanidad y va a revolucionar la ciencia.
*El narcisista se ofende fácilmente y se siente insultado. Cualquier comentario puede ser interpretado por él como despreciativo. Su tiempo es más valioso que el de los demás y no puede desperdiciarse en las relaciones sociales.
Óscar Wilde, todo un narciso
Si tuviéramos el propósito de designar al más digno representante del narcisismo, nada mejor que Óscar Wilde. Para acaparar la atención que necesitaba, a Wilde –sin duda el autor de mayor ingenio de la lengua inglesa– no le bastó con escribir la mejor pieza teatral (La importancia de llamarse Ernesto), la mejor novela (El retrato de Dorian Gray), el mejor libreto de ópera (Salomé), el mejor cuento de hadas (El príncipe feliz) y el mejor poema (Balada de la cárcel de Reading) de su época. También tenía que ser el mejor dandi de su tiempo, parecido a Tom Wolfe, Truman Capote o Dennis Rodman. Y, al igual que Wolfe, Capote y Rodman, se hizo famoso por ser como fue. Wilde usaba brillosos trajes color púrpura y llevaba una enorme flor en el ojal. Abogaba por un movimiento estético denominado "el arte por el arte mismo", que se limitaba a centrar la atención en el artista sin preocuparse demasiado por el significado o la moraleja de la obra.
Oscar Fingal O’Flahertie Wills Wilde era irlandés, hijo de un cirujano famoso y mujeriego y de una extravagante poetisa que alentaba las andanzas de su hijo, las cuales tenían por objeto llamar la atención. Se casó con una joven tranquila y correcta con quien tuvo dos hijos varones. A los 30 años aproximadamente comenzó a tener una serie de encuentros amorosos y sexuales con hombres jóvenes, algunos de ellos "chicos de la calle". En ese contexto conoció a la persona más peligrosa de quien podría haberse enamorado, Bosie, un joven malcriado, extravagante y desatinadamente histérico que era hijo del homofóbico con mayor tendencia homicida de toda Gran Bretaña. Bosie era Lord Alfred Douglas y su padre el marqués de Queensberry, el rústico inventor del reglamento del boxeo.
Durante un par de años, Wilde, que en ese entonces rondaba los 40 y era una de las personas más famosas de Gran Bretaña, llevó adelante abiertamente su relación con Bosie, con lo cual provocó el antagonismo del retrógrado padre de aquél. Finalmente, cuando Queensberry lo acusó de "sodomita", Oscar tomó la insensata decisión de demandarlo por difamación, como se lo había exigido Bosie. Queensberry llevó a la corte a un grupo de jovencitos que dieron testimonio de las andanzas sexuales de Wilde, así que la corona desechó de inmediato la acusación hecha contra Queensberry por difamación, procesó a Wilde y lo acusó de sodomía y de indecencia alevosa. Bosie se fugó.
Genio y figura…
Todos intentaron convencer a Wilde de que se fuera del país, pero él, obstinado, se negó. Como de costumbre, se deleitó con la atención acaparada. Mientras el mundo observaba con horror, Oscar se subió al estrado a hablar sobre la pureza del amor griego entre hombres jóvenes y maduros. Recitó el poema de Bosie sobre el "amor que no se atreve a decir su nombre". Y después mintió con respecto a sus relaciones sexuales. Se estaba comportando con su habitual actitud excéntrica y arrogante y, poco a poco, agotó la paciencia de todos. El primer tribunal no llegó a una decisión unánime, pero el segundo lo condenó a dos años de trabajo forzado.
Wilde quedó destrozado y, al poco tiempo, también en bancarrota. Su madre y su esposa fallecieron durante su estadía en la cárcel. (Como dijo en la Balada de la cárcel de Reading: "Pero todos los hombres matan lo que aman, oíd, oídlo todos: algunos, lo hacen con una mirada amarga; otros, con una palabra lisonjera. ¡El cobarde lo hace con un beso, el valiente con una espada!".) Jamás volvió a ver a sus hijos. Pero pasado el mal trago, regresó a Bosie, al menos por un tiempo. El joven enseguida se cansó de Oscar y lo echó a patadas. Wilde –que había escrito que "Una pasión inmoderada por el placer es el secreto para ser siempre joven"– murió en 1900 a los 46 años. Bosie se volvió heterosexual, se casó y murió a una edad avanzada.
La tragedia de Wilde suele atribuírsele a su homosexualidad antes que a un bocón al que le tocó vivir en una época de "esto no se dice, de esto no se habla". Como alguna vez dijera Wilde: "En este mundo sólo existen dos tragedias: una consiste en no conseguir lo que uno quiere; la otra, en conseguirlo". Él consiguió lo que quería. "Todos los hombres han vivido su propia vida y han pagado un precio por ello. Lo único lamentable es tener que pagar tantas veces por un sólo error." Lamentablemente, Wilde nunca llegó a ver el precio que pagaron su madre, su esposa, sus hijos y sus amigos del clandestino mundo gay por las indignantes andanzas que él emprendió intentando llamar la atención.
Pero, como el artista bien sabía, él era el "derrochador de su propio genio" y la vida de vicisitudes que llevó fue la más extravagante de sus creaciones. La tragedia de Oscar Wilde fue pensar que era la única persona verdadera sobre el escenario.
Fuentes.
www.psiquiatria.com por Isabel S. Larraburu
www.redsistemica.com.ar por Frank Pittman
Obsesión/Compulsión: Experimentar la contradicción
Por Ximena De la Cueva
Las caras del conocimiento y del control de las situaciones son a veces demoníacas; pueden hacernos virar la mirada o provocarnos fascinación y llevarnos a permanecer absortos ante ellas para sucumbir a sus caprichos.
Como miembros de la sociedad, tenemos roles específicos por interpretar y, si de manera consciente además de voluntaria, pertenecemos a las de Occidente, nuestras acciones se ven claramente delimitadas y podemos reconocerlas incluso en latitudes ajenas. Después de medir las tonalidades corporales, Stanley reconoció a Livingstone por sus manías y su gusto por la moda victoriana; por eso es factible decir, aunque parezca contradictorio, que a partir de estas determinantes decidimos y asumimos las formas que toma nuestro cuerpo con sus respectivos apéndices y las maneras en que se mueve por las construcciones sociales.
Como parte de la educación y la elaboración histórica de las formas de pensamiento, se nos enseña con cuáles parámetros, en qué condiciones y de qué manera es necesario llevar a cabo las prácticas de convivencia, sea con nosotros mismos o con esos que conforman el gran colectivo de “los demás.”
Cuando en la paz de estas prácticas, que llamamos usos y costumbres empieza a gestarse una acción fuera de orden, produce un malestar generalizado, un dolor de cabeza social y dolorosamente individual para el que las aspirinas son un tanto más elaboradas y su ingesta más compleja.
El control, la estructuración y la disposición de actitudes y procederes necesarios para la convivencia, son herencias que, aunque tienen una base biológica, aderezamos con especias crecidas en las disposiciones de los diferentes grupos a los que cada quien pertenece. En este escenario es donde aparece el individuo, ese con valores neuronales diferentes, con rituales propios, con necesidades cognitivas alternas, que inserta distorsiones en las sociedades. Francisco de Goya afirmó terrible y lúcidamente que el sueño de la razón engendra monstruos y Edvard Munch fue uno de tantos artistas que encarnó el aforismo que atormenta el pensamiento.
El Desorden Obsesivo/Compulsivo alinea elementos mentales que se expresan materialmente en actitudes frente a los objetos y a la realidad tangible, como exageración, demasía y otros términos exacerbados, y los lleva a formar parte de la cotidianidad de quien los presenta. Es relativamente fácil y común concebirnos como obsesivo-compulsivos, pero para llenar la clasificación tendríamos que cumplir con requisitos menos seductores de lo que imaginamos.
Puede resultar incluso atractivo pensarnos con estos matices, pero su complejidad y falta de control simplemente puede imposibilitar la socialización; es cierto que encontramos ejemplos por demás atractivos en personajes más admirados que detestados, las aversiones las guardamos para los ordinarios y grisáceos.
La idea de un pensamiento parásito para explicar este tipo de desorden además de evocadora y generadora de poemas resulta por demás clara. A veces uno se pregunta si esa facilidad de producir palabras no nos lleva a conceptualizar de manera simplista, la fascinación que ejercen los sonidos y las imágenes con ellas relacionadas se nos enredan en las figuraciones y los imaginarios empiezan a cambiar de forma y a hacer reaccionar los espacios. Aquí es donde una vez más, el Positivismo entra a determinar las formas y los contenidos, aunque las pertenencias personales puedan guarecerse bajo llave. Tomados de la mano y sonriendo coquetos al orden, los psiquiatras y psicólogos entran entonces en escena. Resulta que la deidad pertinente los colocó en este mundo (y seguramente en otros) para restablecer el equilibrio y hacernos entrar en cintura mental y poder ser parte de nuestros grupos sociales correspondientes.
Sabemos de rituales exóticos usados para controlar todo aquello que captura al obsesivo-compulsivo y le produce ansiedad, y es en ellos donde más claramente vemos la problemática asociada. La racionalidad es entonces un elemento fundamental en situaciones que implican este desorden, que de entrada resulta problemático nombrar por su sonoridad caótica. El obsesivo necesita comprender para solucionar, actúa siempre para resolver, y es la personificación de la lucha de contrarios, su obsesión, precisamente, es contrarrestar su idea de caos específico a través de la generación y producción de su contrario; y si bien es cierto que sus acciones son repetitivas e incontrolables, es precisamente su racionalidad y complejidad de pensamiento lo que hace que el primer paso en el tratamiento sea lo actualmente se llama “Psicoeducación”. Y una vez más caemos en la suma de preguntas que endurecen los caminos a las escuelas o los reblandecen y los hacen intransitables: ¿qué tal si dentro del proceso educativo recibiéramos información y formación emocional y psicológica (con prácticas de campo incluidas)?
En este siglo que ya cumple su primera década, la certificación de la Psicología está en proceso de gestación, al menos en los proyectos de psicólogos preocupados y comprometidos precisamente por la sobrepoblación de subdiagnósticos de los más diversos desórdenes, lo cual se detecta en la cantidad de personas inmunes a tratamientos interminables y con formas de pensamiento y corazones fracturados en medio de espacios inmensos, donde la inmensidad se mide por la incapacidad elaborar destinos y voluntades.
La historia del Héroe de la Patria
Por Cristina Hernández Magaña
“Dicen que estoy loco, pero no les hagas caso; dicen que tengo esquizofrenia pero yo no soy de esos loquitos de las películas que babean y que los tienen en los manicomios.”
“Te voy a contar como empezó todo ¿si? Escúchame por favor, no puedo confiar en nadie, solo en ti. Bueno, sé que estás ocupada, pero no tardaré mucho ¿Vale?”
“Ya tiene tiempo de esto, un día por la mañana no quería levantarme, tenía frío, un frío que calaba los huesos y que venía mas de adentro que de afuera de mi cuerpo, levantarme para ir a trabajar fue un triunfo, la tienda donde vendía ropa, la que está afuera del metro Tacubaya !Esa mera! Ese día te juro que se veía más fea que de costumbre y la gente también se veía gacha, así ¡fea! hasta ganas de botar el trabajo me dieron. Había reprobado el examen de admisión a la universidad ¿te acuerdas que quería ir a la universidad? y extrañaba a mis amigos de la prepa, me sentía triste porque el Lalo y el Juanito ya ni me hablaban, ya venía mi cumpleaños, iba a cumplir 20, me acuerdo rebién porque aún escucho a ‘la jefa’ diciendo que ya no era un chiquito: ‘ya es hora de que te portes como hombre y traigas dinero a la casa’, me hubiera gustado celebrar una fiesta pero ‘pus ya ni amigos tenía y Mariana mi chava de la prepa me acababa de terminar. Estaba bien bonita, la hubieras conocido, güerita, delgadita y ‘pus me dejó.”
“¡Ya me voy a apurar!, ¿cómo que esa vieja qué? Pus era mi novia y yo la quería un resto! ese día, cuando salí de la tienda estaba bien triste y algunos chavos afuera de la casa me invitaron una chela y el toque de hierba que ‘el quete’ me invitó me hizo sentir mejor, bien chido!”
“Al otro día y los siguientes me los pasé tomando cerveza y ‘quemándole las patas al diablo’, cada día era más difícil salir de mi cuarto, lo único que se me antojaba hacer era estar con mis amigos y fumar mariguana, mientras estaba con ellos ya no importaba lo que ‘la jefa’ dijera, o si Mariana ya se estaba cogiendo con otro, me di cuenta que ya no me sentía triste, tampoco tenía razones para reírme, es más ya no sentía nada, no tenía a nadie con quien me interesara hablar y pues tampoco nadie me hablaba.”
“¿Cómo que tú sí?, ¿Si tú nunca vienes ni me llamas? Bueno, déjame continuar, entonces pues como que oía que alguien me hablaba, así quedito, bien bonito al oído y pues comencé a platicar con mi sombra ¿crees? sí, ¡mi sombra! ¡neta! Mi sombra antes era bien divertida, me hacía reír mucho y me contaba cosas chistosas, pero por las noches la sombra se muere ¿sabías? Si pues como no hay sol, la sombra se muere, entonces cuando el miedo de morir espanta a la sombra ella se vuelve mala, muy mala y cada noche era peor, se volvía más maldita y ahora siempre es bien perversota y siempre me susurra cosas al oído.”
“Ella también es muy chingona y me explicó cómo Mariana nunca me quiso porque se puso de acuerdo con los de la calle para ponerme un cuatro, ellos, mis propios amigos me quieren envenenar, saben que el presidente de la República me ha encomendado una misión muy importante que hará que el País sea una potencia mundial, ¡Vamos a ser como los gringos! Él me contó el secreto. ¡Oye! ¿Me estas escuchando? Ah, creí que habías colgado.”
“El presidente sabe que tengo una inteligencia superior, sabe que soy bien chingón, así que me contó todo y ahora sólo él y yo tenemos el secreto que salvará al país; ellos están celosos, hablan de mí cuando creen que no los escucho pero mi sombra y yo nos reímos de ellos que creen que no sé lo que planean. Mi sombra me dice que debemos partirles su madre antes de que hagan algo, ¡ellos no pueden poner mi misión en peligro! Sé que quizá a la hora de los putazos esto se ponga de a peso y me maten, o con suerte yo me eche a uno primero, pero me los voy a abrochar, mi País merece que corra sangre con tal de que México sea como Estados Unidos ¡vamos a ser bien poderosos!, los secretos que me contó el presidente se irán conmigo a la tumba.”
“¡Que no!, ¡no estoy jugando! Déjame terminar esto es serio.”
“Mi ‘jefa’ me llevó dizque a un doctor, pero sólo era un espía que quería sacarme información, yo no le dije nada y mi sombra está orgullosa de mí, pero el hombre le dijo algo a ella y ahora ‘la jefa’ está llorando y dice ‘¡no es posible! ¡cómo es que no me di cuenta nunca!’ dicen que estoy loco, que tengo esquizofrenia y paranoide algo, suena bien raro, pero solo lo hacen para ver si le sacan algo a la vieja.”
“¡No!, ¡tú no llores! oye no llores, necesito que sigas escuchando.”
“Bueno, te decía que mi mamá está llorando y creo que quizá los descubrió, ahora ella sabe de sus planes también; mi sombra me dijo que tal vez ‘la jefa’ también está involucrada en el complot que hay en mi contra. ¡Putos! Todos son unos putos, van a querer darnos una calentada a mi sombra y a mí para sacarnos la verdad, no puedo confiar en nadie, sólo en ti, me acuerdo que cuando era chiquito tú me cuidabas, mi sombra está muy segura de que aunque la torturen, ella no dirá ni una palabra, pero duda mucho que yo pueda soportar la tortura, me dijo que te llamara para despedirme porque esto ya valió verga, opina que es mejor morir por la Patria con honor, a andar de chiva y traicionar la confianza que el presidente ha puesto en mí al contarme su secreto. Es por eso que estoy subiendo a la azotea en este momento.”
“¡Escúchame!, deja de chillar y no me interrumpas. Te estoy contando esto para que le digas al presidente que no lo defraudé, tú serás testigo de que nunca traicioné a nadie. Ya llegue a la cornisa.”
“Gracias hermanita por escucharme, diles que tu hermano fue un héroe de la Patria, tengo que colgar. Adiós.”
Por ese mundo de penas que me das tú*
Por María Dolores Bolívar
Los síntomas de la Depresión:
* Súbitos cambios de humor y de conducta.
* Baja o nula autoestima.
* Disfuncionalidad cognitiva y social.
* Falta de sueño o insomnio.
* Pérdida de apetito.
* Baja energía o pérdida total de la energía.
* Cansancio aparejado de poca o nula actividad física.
* Soledad y aislamiento.
¿Quién de entre nosotros se atrevería a asegurar que no padece de Depresión, así sea leve o en sus estados iniciales? Sin embargo, la Depresión es un mal que se oculta. Muchos no son capaces de reconocer que la padecen y otros, aún reconociéndolo, la esquivan. La Depresión ha sido equívocamente asociada con mujeres o con personas de nivel socioeconómico elevado, cuando en verdad las cifras muestran que este mal aqueja a un 80 por ciento de personas que también padecen pobreza o marginación. La Depresión no es sólo un mal individual, es asimismo un mal social y de impacto mundial. En su extremo más sórdido, ha comenzado a deslizarse por el espectro de las edades hacia la juventud y la adolescencia. Aún en la edad de las ilusiones, la Depresión comienza a hacer estragos, en particular entre aquellos que tienen poco acceso a las oportunidades educativas y laborales.
Prestado ni a Dios, Regalado ni al Diablo
La mansión de Winchester está localizada en San José, California. Por fuera, nos hace padecer el espejismo de las mansiones victorianas; suntuosas, coloridas, parchadas de estéticas y lujos que uno no puede pasar sin ver. En su interior el mundo se complica; pequeños escalones, puertas condenadas, oscuros pasillos, relojes detenidos, espejos que hablan de una realidad cuajada de miedos. 160 cuartos, 10 mil ventanas, 2 mil puertas, 52 tragaluces, 47 chimeneas, 40 escaleras, 6 cocinas y 3 elevadores conforman ese increíble enigma que se forjó a golpe de martillo, a lo largo de décadas. Sarah Pardee, o Sarah Winchester era su dueña diminuta (4 pies con diez pulgadas o 1.47 metros de altura). Alguna vez considerada hermosa, encantadora e inteligente, Sarah se quedó completamente sola en 1881, a la muerte de su marido, William Wirt Winchester ―quien contrajo tuberculosis, la enfermedad que el diecinueve llevó repetitivamente a la literatura―. Su única hija, Annie, había muerto de marasmo ―mal también distintivo del siglo―. Sarah, purgó la que ella misma creyó ser la condena de la familia Winchester, fundadora de la compañía de rifles que diezmó al Oeste y desangró al Sur de Estados Unidos. La señora Pardee o Winchester tuvo abundancia de dinero y excentricidades, pero la culpa la llevó a vivir en permanente diálogo con los muertos… igualitito que si estuviese, ella misma, muerta.
La fortuna heredada por Sarah ascendía a 20 millones de dólares, lo que le daba una suma aproximada de mil dólares diarios, cantidad elevadísima al cierre del siglo por el que Sarah transitó dándose a sí misma la misión de aplacar a los espíritus enfurecidos por los estragos causados al mundo por los rifles Winchester. Convencida de ser la víctima de una maldición, Sarah vivió recluida en su laberíntica mansión/prisión, sin permitir a nadie verla ―aún a sus sirvientes, a quienes imponía una infranqueable distancia―. Obsesionada con hablar con los muertos, en sesiones mediante las cuales se dio a sí misma la tarea de purgar los males de su tiempo, hizo construir su mansión sin parar, pues creía que el ruido de martillos, picos y palas ahuyentaría a las ánimas que la asediaban.
El romanticismo ―tónica y estilo del siglo de Sarah― patentó el rostro de la Depresión. En contraste con la violenta muerte que diezmó al Oeste a bala, puñal o flecha, la muerte de Sarah agregó a la tipificación de la morbidez de época, la tristeza, la incomprensión, la soledad y el olvido.
Porque es áspera y fea
Juana de Ibarbourou fue una escritora uruguaya extraordinaria, cuyos talentos resaltaron aún más por tratarse de una mujer escritora, en un mundo que rara vez las reconoce. Pero aunque se destacó entre los suyos a los cuarenta años e hizo historia siendo leída y reconocida al punto de otorgársele el título de Juana de América (mismo que obtuvo más por su belleza que por sus talentos), murió encerrada en su casa, oculta del mundo que la relegó en el olvido. Muchas, antecesoras o contemporáneas de Juana murieron jóvenes y por propia mano. Dolores Ventimilla de Galindo (1830-1857), Alfonsina Storni (1892-1938) y Alejandra Pizarnik (1936-1972) por dar solamente tres ejemplos.
La vida y la obra de Ibarbourou se vieron afectadas por los hombres que la rodearon. Un marido abusivo ―Lucas de Ibarbourou―; un amor imposible, veinte años mayor que ella; un hijo ambicioso, a quien dio el nombre de Julio César. Aquella que imaginara su travesía hacia la muerte como un desafío dirigido a Caronte ―“en tu barca seré como un escándalo”― conoció la amarga existencia de La Higuera ―porque es áspera y fea― apartada del mundo, adicta a la morfina y víctima lamentable de medios intelectuales voraces que a menudo se comportan como mafias exclusivas y excluyentes.
Fumando espero
El fumador evade la realidad. Enciende un cigarrillo, inhala con placer, se inclina hacia atrás y entra, virtud de su imaginación, en algún recuerdo del que echa mano para evadirse de la realidad. Su dependencia del cigarro le impide ver que se envenena poco a poco cada vez que respira esa mezcla mortal de nicotina y tóxicos aleatorios. Fuma para evadirse de aquello que le produce dolor. Fuma para no mirar. A medida en que el tabaco nubla su vista, cierto sentido de bienestar le adormila el dolor que le produce el mundo que le rodea.
La Depresión, o la ausencia de felicidad ―concebida ésta como energía motivadora de vida― es lo que más escasea actualmente en el planeta. La red social que da a los individuos sentido de pertenencia volviéndolos activos y funcionales, ha sido eliminada casi por completo. Las dependencias surgen cual mecanismo autodefensivo. Los que no fuman, beben, consumen drogas, realizan compras compulsivas o experimentan fobias.
En principio el ser humano quiere ser feliz y piensa que serlo se asocia a tener éxito y dinero. Para muchas mujeres la felicidad se traduce en un matrimonio bien avenido, una casa y también dinero. La mayoría de mujeres hablan de una boda aunque en verdad hay muchas que, no obstante estar casadas, confiesan no haber alcanzado la meta de la felicidad. Pocas dirán que aceptarían la felicidad por vía de un hombre que no fuese su esposo. Asociada a la libertad, la independencia, el ingreso, el estado civil, el éxito, la pertenencia, el cariño de amigos y familiares o la acumulación de riquezas… la felicidad es el concepto etéreo que más vidas cobra.
Los antidepresivos sirven para eliminar dolores físicos y anímicos. La Depresión viene siempre acompañada de neuralgias, crisis de estrés, dolencias de orden psicosomático. Los tricíclicos buscan eliminar esos males crónicos, además de controlar la Depresión o la Ansiedad. La dependencia de los antidepresivos se ha vuelto una amenaza latente para millones de personas. Anna Nicole Smith y Heath Ledger murieron a causa de una sobredosis de medicamentos recetados contra la ansiedad y la Depresión. Pero el caso más sonado, el que más intriga, es el de Michael Jackson, quien consumía simultáneamente y bajo la supuesta vigilancia de un doctor, 8 medicamentos de distribución estrictamente vigilada ―Demerol, Dilaludid, Vicodin, Xanax, Soma, Zoloft, Paxil y Prilosec― y cuyos efectos adictivos lo llevaron a la muerte. Por sí solas, cada una de las sustancias recetadas a Jackson en increíbles dosis, lo habrían podido llevar a la muerte. La pregunta que se nos queda es si no habría otro camino para el artista pop que aquel cocktail de drogas de escape.
En el sitial del diálogo, violencia
El 16 de abril de 2007, en lunes, el joven Seung-Hui Cho se preparó con precisión aritmética y salió al campus universitario de Virginia Tech a matar a 32 personas. Sus acciones mortíferas cimbraron no solamente al apacible poblado de Blacksburg, Virginia ―donde estudiaba Inglés con la esperanza de convertirse en escritor― sino al mundo entero. Cho, de origen coreano, había sido diagnosticado con desórdenes de ansiedad y estrés y había recibido terapia y apoyo en sus años formativos. Nada, sin embargo, a los ojos de su hermana, egresada de una destacada universidad norteamericana, habría podido prepararla para un giro como ése.
A pesar de las pistas que indicaban tendencia a una personalidad compulsiva, nada habría alertado a las autoridades universitarias para evitar los sangrientos acontecimientos. Para muchos, las leyes que protegen las garantías individuales fueron responsables de que Cho, afectado de estrés y Depresión severas, tuviese acceso a las armas de las que dispuso aquella mañana; pasase inadvertido, pese a los signos que alertaron a algunos de sus profesores; se mantuviese en grado tal de aislamiento, al punto de que su personalidad sufriese al interior del medio educativo ―del que se espera lo contrario― mayor deterioro hacia los extremos que produjeron el lamentable desenlace.
Algunos piensan que el lunes es un día más desolador que otros; en él perciben un silencio inusualmente sepulcral, o notoriamente más opresor. En la reflexión del comenzar, al inicio de cada semana, creen percibir algunos de los elementos anímicos que llevan al individuo a la toma de medidas extremas. Un lunes de enero de 1979 la joven de 17 años Brenda Spencer arremetió a tiros de rifle de alto calibre contra los chicos que entraban a la escuela situada enfrente de su casa. “No me gustan los lunes”, declaró con desparpajo a la prensa la jovencita que hoy encabeza una larga lista de muertes masivas registradas en escuelas, resultado de la Depresión en jóvenes parcialmente abandonados por sus padres. El lunes, desolador rencuentro con la rutina, para muchos, recibe el nombre “lunes triste”. Pero lejos de quedarnos con la simple correlación entre la Depresión y el día lunes, asumir que la vida cotidiana incide en el ánimo al punto de ejercer un poder letal en algunos, resulta urgente.
Detrás de cada gran tragedia
José era alcohólico. Desde que el día despuntaba comenzaba a beber, hilando en una misma narrativa larga, interminable, la ilógica existencia que lo expresaba vía el alcohol. José había perdido la esperanza y bebía para no enfrentarse a sí mismo en esa existencia desoladora que se prolongaba por días y noches que ya no conseguía diferenciar.
Al margen de las cifras ―que son altísimas (una persona de cada cinco o un veinte por ciento de la población) ―, la Depresión se presenta hoy como el mal del milenio. Grave, en sí misma, incide en otras enfermedades y agrava a los pacientes que, sin familia ni incentivo para seguir viviendo, se dejan morir de Cáncer, de SIDA, de Alcoholismo, de Diabetes, de Obesidad. En sus formas extremas ―suicidio, Bipolaridad, Psicopatía― la Depresión está también asociada al conjunto de factores estresantes que tienden a aislar a la persona y volverla frágil, vulnerable. La Depresión es a menudo uno de muchos factores destructivos que aquejan al individuo, junto al Insomnio, el Estrés, el Cansancio, la Disfuncionalidad Afectiva, el Aislamiento, la Soledad.
José no era excepción en su mundo. Junto a él obraba sobre sus compañeros de trabajo el maleficio de una vida sin estabilidad ni éxitos que daba nombre y rostro a la Obesidad, la Anorexia, la Hipocondría, el desequilibrio emocional. En su versión cotidiana cada uno de los actores de aquella trama sufrían dolorosos desajustes… el silencio auto impuesto, la efusividad, la insatisfacción, las riñas intestinas. Ocasionalmente, salían a flote los rencores jamás resueltos, las rivalidades, los odios, la hostilidad mostrándose como si fuera un puñal que se levantase contra el espíritu de aquellos seres emocionalmente en desbalance con su intelectualidad; con el coeficiente emocional a menos cero, en un ambiente de lumbreras y destacados de las distintas profesiones o expresiones artísticas.
José se ahorcó. Decidió que su vida no valía ya nada ni para él ni para nadie. En su atropellada decisión, tuvo tiempo de actuar de manera calculada, paso a paso. Eligió el día de su retorno al trabajo luego de un período de descanso; dejó una nota escrita en donde hablaba sobradamente de su insatisfacción. Se alejó de todos y de todo, externando con elocuente silencio cuánto se despreciaba a sí mismo en aquel papel que le impuso una cadena de fracasos, varios reinicios, la certeza que la edad comenzaba a revelarle respecto del futuro al que comenzaba a pisarle los talones.
Cifras que hablan
Una de cada siete personas en Estados Unidos padece de Depresión, cifra que nos lanza un número de 44 millones de personas (National Health and Nutrition Examination Survey).
La edad en la que comienza a diagnosticarse “Depresión” en Estados Unidos es, en la actualidad, los doce años.
La Depresión afecta todas las áreas de la vida de un país, apareciendo entre las tres primeras causas de ausentismo laboral, renuncia, fracaso profesional, muerte prematura, suicidio, disfuncionalidad social. El 80 por ciento de las personas que reportaron padecer Depresión también dijeron padecer disfuncionalidad en el medio laboral o en su vida familiar.
Asociada con muchas psicopatías, la Depresión crónica influye en la criminalidad, la violencia urbana, las afectaciones compulsivas y el rampante aumento de otras condiciones médicas como la Obesidad, la Anorexia, la Bulimia o las afectaciones cardiopulmonares. La Depresión está también asociada a las psicodependencias afectivas, el abuso de drogas, el abuso de alcohol y otras compulsiones. La mayoría de personas afectadas de Depresión jamás reciben atención médica o asesoría psicológica.
Se calcula que menos de un treinta por ciento de las personas afectadas de Depresión reciben atención médica. Considerando toda la población afectada de Depresión, solamente un 39 por ciento de personas diagnosticadas con Depresión severa reportan someterse a tratamiento psicológico. Aunque la Depresión es un malestar crónico, tratable, la mayoría de personas la padecen en silencio y jamás se someten a tratamiento.
*Antigua canción guaraní.
Los síntomas de la Depresión:
* Súbitos cambios de humor y de conducta.
* Baja o nula autoestima.
* Disfuncionalidad cognitiva y social.
* Falta de sueño o insomnio.
* Pérdida de apetito.
* Baja energía o pérdida total de la energía.
* Cansancio aparejado de poca o nula actividad física.
* Soledad y aislamiento.
¿Quién de entre nosotros se atrevería a asegurar que no padece de Depresión, así sea leve o en sus estados iniciales? Sin embargo, la Depresión es un mal que se oculta. Muchos no son capaces de reconocer que la padecen y otros, aún reconociéndolo, la esquivan. La Depresión ha sido equívocamente asociada con mujeres o con personas de nivel socioeconómico elevado, cuando en verdad las cifras muestran que este mal aqueja a un 80 por ciento de personas que también padecen pobreza o marginación. La Depresión no es sólo un mal individual, es asimismo un mal social y de impacto mundial. En su extremo más sórdido, ha comenzado a deslizarse por el espectro de las edades hacia la juventud y la adolescencia. Aún en la edad de las ilusiones, la Depresión comienza a hacer estragos, en particular entre aquellos que tienen poco acceso a las oportunidades educativas y laborales.
Prestado ni a Dios, Regalado ni al Diablo
La mansión de Winchester está localizada en San José, California. Por fuera, nos hace padecer el espejismo de las mansiones victorianas; suntuosas, coloridas, parchadas de estéticas y lujos que uno no puede pasar sin ver. En su interior el mundo se complica; pequeños escalones, puertas condenadas, oscuros pasillos, relojes detenidos, espejos que hablan de una realidad cuajada de miedos. 160 cuartos, 10 mil ventanas, 2 mil puertas, 52 tragaluces, 47 chimeneas, 40 escaleras, 6 cocinas y 3 elevadores conforman ese increíble enigma que se forjó a golpe de martillo, a lo largo de décadas. Sarah Pardee, o Sarah Winchester era su dueña diminuta (4 pies con diez pulgadas o 1.47 metros de altura). Alguna vez considerada hermosa, encantadora e inteligente, Sarah se quedó completamente sola en 1881, a la muerte de su marido, William Wirt Winchester ―quien contrajo tuberculosis, la enfermedad que el diecinueve llevó repetitivamente a la literatura―. Su única hija, Annie, había muerto de marasmo ―mal también distintivo del siglo―. Sarah, purgó la que ella misma creyó ser la condena de la familia Winchester, fundadora de la compañía de rifles que diezmó al Oeste y desangró al Sur de Estados Unidos. La señora Pardee o Winchester tuvo abundancia de dinero y excentricidades, pero la culpa la llevó a vivir en permanente diálogo con los muertos… igualitito que si estuviese, ella misma, muerta.
La fortuna heredada por Sarah ascendía a 20 millones de dólares, lo que le daba una suma aproximada de mil dólares diarios, cantidad elevadísima al cierre del siglo por el que Sarah transitó dándose a sí misma la misión de aplacar a los espíritus enfurecidos por los estragos causados al mundo por los rifles Winchester. Convencida de ser la víctima de una maldición, Sarah vivió recluida en su laberíntica mansión/prisión, sin permitir a nadie verla ―aún a sus sirvientes, a quienes imponía una infranqueable distancia―. Obsesionada con hablar con los muertos, en sesiones mediante las cuales se dio a sí misma la tarea de purgar los males de su tiempo, hizo construir su mansión sin parar, pues creía que el ruido de martillos, picos y palas ahuyentaría a las ánimas que la asediaban.
El romanticismo ―tónica y estilo del siglo de Sarah― patentó el rostro de la Depresión. En contraste con la violenta muerte que diezmó al Oeste a bala, puñal o flecha, la muerte de Sarah agregó a la tipificación de la morbidez de época, la tristeza, la incomprensión, la soledad y el olvido.
Porque es áspera y fea
Juana de Ibarbourou fue una escritora uruguaya extraordinaria, cuyos talentos resaltaron aún más por tratarse de una mujer escritora, en un mundo que rara vez las reconoce. Pero aunque se destacó entre los suyos a los cuarenta años e hizo historia siendo leída y reconocida al punto de otorgársele el título de Juana de América (mismo que obtuvo más por su belleza que por sus talentos), murió encerrada en su casa, oculta del mundo que la relegó en el olvido. Muchas, antecesoras o contemporáneas de Juana murieron jóvenes y por propia mano. Dolores Ventimilla de Galindo (1830-1857), Alfonsina Storni (1892-1938) y Alejandra Pizarnik (1936-1972) por dar solamente tres ejemplos.
La vida y la obra de Ibarbourou se vieron afectadas por los hombres que la rodearon. Un marido abusivo ―Lucas de Ibarbourou―; un amor imposible, veinte años mayor que ella; un hijo ambicioso, a quien dio el nombre de Julio César. Aquella que imaginara su travesía hacia la muerte como un desafío dirigido a Caronte ―“en tu barca seré como un escándalo”― conoció la amarga existencia de La Higuera ―porque es áspera y fea― apartada del mundo, adicta a la morfina y víctima lamentable de medios intelectuales voraces que a menudo se comportan como mafias exclusivas y excluyentes.
Fumando espero
El fumador evade la realidad. Enciende un cigarrillo, inhala con placer, se inclina hacia atrás y entra, virtud de su imaginación, en algún recuerdo del que echa mano para evadirse de la realidad. Su dependencia del cigarro le impide ver que se envenena poco a poco cada vez que respira esa mezcla mortal de nicotina y tóxicos aleatorios. Fuma para evadirse de aquello que le produce dolor. Fuma para no mirar. A medida en que el tabaco nubla su vista, cierto sentido de bienestar le adormila el dolor que le produce el mundo que le rodea.
La Depresión, o la ausencia de felicidad ―concebida ésta como energía motivadora de vida― es lo que más escasea actualmente en el planeta. La red social que da a los individuos sentido de pertenencia volviéndolos activos y funcionales, ha sido eliminada casi por completo. Las dependencias surgen cual mecanismo autodefensivo. Los que no fuman, beben, consumen drogas, realizan compras compulsivas o experimentan fobias.
En principio el ser humano quiere ser feliz y piensa que serlo se asocia a tener éxito y dinero. Para muchas mujeres la felicidad se traduce en un matrimonio bien avenido, una casa y también dinero. La mayoría de mujeres hablan de una boda aunque en verdad hay muchas que, no obstante estar casadas, confiesan no haber alcanzado la meta de la felicidad. Pocas dirán que aceptarían la felicidad por vía de un hombre que no fuese su esposo. Asociada a la libertad, la independencia, el ingreso, el estado civil, el éxito, la pertenencia, el cariño de amigos y familiares o la acumulación de riquezas… la felicidad es el concepto etéreo que más vidas cobra.
Los antidepresivos sirven para eliminar dolores físicos y anímicos. La Depresión viene siempre acompañada de neuralgias, crisis de estrés, dolencias de orden psicosomático. Los tricíclicos buscan eliminar esos males crónicos, además de controlar la Depresión o la Ansiedad. La dependencia de los antidepresivos se ha vuelto una amenaza latente para millones de personas. Anna Nicole Smith y Heath Ledger murieron a causa de una sobredosis de medicamentos recetados contra la ansiedad y la Depresión. Pero el caso más sonado, el que más intriga, es el de Michael Jackson, quien consumía simultáneamente y bajo la supuesta vigilancia de un doctor, 8 medicamentos de distribución estrictamente vigilada ―Demerol, Dilaludid, Vicodin, Xanax, Soma, Zoloft, Paxil y Prilosec― y cuyos efectos adictivos lo llevaron a la muerte. Por sí solas, cada una de las sustancias recetadas a Jackson en increíbles dosis, lo habrían podido llevar a la muerte. La pregunta que se nos queda es si no habría otro camino para el artista pop que aquel cocktail de drogas de escape.
En el sitial del diálogo, violencia
El 16 de abril de 2007, en lunes, el joven Seung-Hui Cho se preparó con precisión aritmética y salió al campus universitario de Virginia Tech a matar a 32 personas. Sus acciones mortíferas cimbraron no solamente al apacible poblado de Blacksburg, Virginia ―donde estudiaba Inglés con la esperanza de convertirse en escritor― sino al mundo entero. Cho, de origen coreano, había sido diagnosticado con desórdenes de ansiedad y estrés y había recibido terapia y apoyo en sus años formativos. Nada, sin embargo, a los ojos de su hermana, egresada de una destacada universidad norteamericana, habría podido prepararla para un giro como ése.
A pesar de las pistas que indicaban tendencia a una personalidad compulsiva, nada habría alertado a las autoridades universitarias para evitar los sangrientos acontecimientos. Para muchos, las leyes que protegen las garantías individuales fueron responsables de que Cho, afectado de estrés y Depresión severas, tuviese acceso a las armas de las que dispuso aquella mañana; pasase inadvertido, pese a los signos que alertaron a algunos de sus profesores; se mantuviese en grado tal de aislamiento, al punto de que su personalidad sufriese al interior del medio educativo ―del que se espera lo contrario― mayor deterioro hacia los extremos que produjeron el lamentable desenlace.
Algunos piensan que el lunes es un día más desolador que otros; en él perciben un silencio inusualmente sepulcral, o notoriamente más opresor. En la reflexión del comenzar, al inicio de cada semana, creen percibir algunos de los elementos anímicos que llevan al individuo a la toma de medidas extremas. Un lunes de enero de 1979 la joven de 17 años Brenda Spencer arremetió a tiros de rifle de alto calibre contra los chicos que entraban a la escuela situada enfrente de su casa. “No me gustan los lunes”, declaró con desparpajo a la prensa la jovencita que hoy encabeza una larga lista de muertes masivas registradas en escuelas, resultado de la Depresión en jóvenes parcialmente abandonados por sus padres. El lunes, desolador rencuentro con la rutina, para muchos, recibe el nombre “lunes triste”. Pero lejos de quedarnos con la simple correlación entre la Depresión y el día lunes, asumir que la vida cotidiana incide en el ánimo al punto de ejercer un poder letal en algunos, resulta urgente.
Detrás de cada gran tragedia
José era alcohólico. Desde que el día despuntaba comenzaba a beber, hilando en una misma narrativa larga, interminable, la ilógica existencia que lo expresaba vía el alcohol. José había perdido la esperanza y bebía para no enfrentarse a sí mismo en esa existencia desoladora que se prolongaba por días y noches que ya no conseguía diferenciar.
Al margen de las cifras ―que son altísimas (una persona de cada cinco o un veinte por ciento de la población) ―, la Depresión se presenta hoy como el mal del milenio. Grave, en sí misma, incide en otras enfermedades y agrava a los pacientes que, sin familia ni incentivo para seguir viviendo, se dejan morir de Cáncer, de SIDA, de Alcoholismo, de Diabetes, de Obesidad. En sus formas extremas ―suicidio, Bipolaridad, Psicopatía― la Depresión está también asociada al conjunto de factores estresantes que tienden a aislar a la persona y volverla frágil, vulnerable. La Depresión es a menudo uno de muchos factores destructivos que aquejan al individuo, junto al Insomnio, el Estrés, el Cansancio, la Disfuncionalidad Afectiva, el Aislamiento, la Soledad.
José no era excepción en su mundo. Junto a él obraba sobre sus compañeros de trabajo el maleficio de una vida sin estabilidad ni éxitos que daba nombre y rostro a la Obesidad, la Anorexia, la Hipocondría, el desequilibrio emocional. En su versión cotidiana cada uno de los actores de aquella trama sufrían dolorosos desajustes… el silencio auto impuesto, la efusividad, la insatisfacción, las riñas intestinas. Ocasionalmente, salían a flote los rencores jamás resueltos, las rivalidades, los odios, la hostilidad mostrándose como si fuera un puñal que se levantase contra el espíritu de aquellos seres emocionalmente en desbalance con su intelectualidad; con el coeficiente emocional a menos cero, en un ambiente de lumbreras y destacados de las distintas profesiones o expresiones artísticas.
José se ahorcó. Decidió que su vida no valía ya nada ni para él ni para nadie. En su atropellada decisión, tuvo tiempo de actuar de manera calculada, paso a paso. Eligió el día de su retorno al trabajo luego de un período de descanso; dejó una nota escrita en donde hablaba sobradamente de su insatisfacción. Se alejó de todos y de todo, externando con elocuente silencio cuánto se despreciaba a sí mismo en aquel papel que le impuso una cadena de fracasos, varios reinicios, la certeza que la edad comenzaba a revelarle respecto del futuro al que comenzaba a pisarle los talones.
Cifras que hablan
Una de cada siete personas en Estados Unidos padece de Depresión, cifra que nos lanza un número de 44 millones de personas (National Health and Nutrition Examination Survey).
La edad en la que comienza a diagnosticarse “Depresión” en Estados Unidos es, en la actualidad, los doce años.
La Depresión afecta todas las áreas de la vida de un país, apareciendo entre las tres primeras causas de ausentismo laboral, renuncia, fracaso profesional, muerte prematura, suicidio, disfuncionalidad social. El 80 por ciento de las personas que reportaron padecer Depresión también dijeron padecer disfuncionalidad en el medio laboral o en su vida familiar.
Asociada con muchas psicopatías, la Depresión crónica influye en la criminalidad, la violencia urbana, las afectaciones compulsivas y el rampante aumento de otras condiciones médicas como la Obesidad, la Anorexia, la Bulimia o las afectaciones cardiopulmonares. La Depresión está también asociada a las psicodependencias afectivas, el abuso de drogas, el abuso de alcohol y otras compulsiones. La mayoría de personas afectadas de Depresión jamás reciben atención médica o asesoría psicológica.
Se calcula que menos de un treinta por ciento de las personas afectadas de Depresión reciben atención médica. Considerando toda la población afectada de Depresión, solamente un 39 por ciento de personas diagnosticadas con Depresión severa reportan someterse a tratamiento psicológico. Aunque la Depresión es un malestar crónico, tratable, la mayoría de personas la padecen en silencio y jamás se someten a tratamiento.
*Antigua canción guaraní.
Ilustraciones por Eric Armusik
Eric Armusik nació en 1873 y creció en el noreste de Pennsylvania, en la región productora de carbón. Su pueblo natal fue en algún tiempo uno de los lugares de mayor producción de carbón en todo Estados Unidos, pero después de la Gran Depresión cayó en la quiebra. La pequeña comunidad en la que Armusik creció era muy devota y étnicamente diversa. Aunque el joven Eric no tenía acceso a museos o arte público, su pueblo tenía una iglesia en cada calle, y fue dentro de estos edificios donde el futuro pintor tuvo sus primeros encuentros con obras de arte mientras observaba las paredes y los techos de las iglesias de su pueblo los domingos. La tradición del Realismo Académico de las pinturas y las obras de arte religiosas católicas dejaron en él una marca permanente que continúa influenciando su trabajo.
Eric demostró su talento desde muy temprana edad, a los 10 años de edad ganó un concurso de arte llamado “Por qué me gusta vivir en el Valle de Wyoming”, que incluía estudiantes de todas las escuelas de alrededor. Su dibujo de su casa de Swetland se exhibió en el edificio Franklin First Federal en el centro de Wilkes Barre. Su talento le permitió ganar numerosos concursos y en 1990 fue condecorado por su Contribución a las Artes por la Universidad de Wilkes, donde fue alumno de su Upward Bound Program. En 1991, Eric se inscribió en la Universidad del Estado de Pennsylvania State, donde se recibió con un grado de B. F. A. en Pintura, con una especialidad (minor) en Historia del Arte enfocado a Arte Barroco. En 1995 recibió la beca Margaret Giffen Shoenfelder Memorial Scholarship for the Arts y terminó el último semestre de su especialidad (minor) en Historia del Arte en Todi, Italia. Durante sus clases de arte aprendió de las pinturas originales, la arquitectura, y las esculturas de grandes maestros como Miguel Ángel, Bernini, Caravaggio, Rubens y Donatello. La rara oportunidad de estudiar las obras maestras de pintores barrocos como Caravaggio y Artemisia Gentileschi tuvo un gran impacto sobre la calidad de su obra y le ayudó a dirigir la inspiración que experimentó de niño. Después de años de aprendes las técnicas de los viejos maestros Eric aplicó sus habilidades en su estudio de Filadelfia y se convirtió en un artista realista de renombre internacional trabajando para el estudio de Nelson Shanks, Studio Incamminati.
A sabiendas de la dificultad que los aspirantes a artistas enfrentan al buscar entrenamiento en el arte de dibujo y puntura clásica, Eric fundó más tarde el Studio of Eric Armusik, una pequeña escuela atelier de dibujo y pintura. El programa de Armusik está basado en los métodos de enseñanza de los grandes maestros y los ateliers franceses del Siglo 19 Los estudiantes dibujan y pintan completamente de modelos vivos sin el uso de fotografías y aprenden a crear obras de arte dramáticas.
El trabajo de Eric se ha exhibido en galerías y museos como el Salmagundi Art Club en Nueva York, el Allentown Art Museum, el Phillip and Muriel Berman Art Museum, en Ursinus College; en los Monsoon Galleries, en el Hoyt Institute of Fine Arts, en el State Museum of Pennsylvania y en el Reading Public Museum, por mencionar algunos. En 2003, Eric fue seleccionado para representar a Estados Unidos en Florencia, Italia, durante la Bienal Internacional de Arte Contemporáneo, donde exhibió varias de sus obras. Su trabajo forma parte de colecciones permanentes en el Trenton City Museum, el Lehigh Valley Hospital y varias colecciones privadas.
junio 18, 2010
La Belleza: Una esclavitud monsturosa
Por Karini Apodaca
La belleza es una apreciación subjetiva y temporal. No se define, se reconoce
El cuerpo habla incluso
cuando uno no quiere que hable.
Pierre Bourdieu
La modificación corporal se observa en la mayoría de los pueblos del mundo sin importar geografía o momento histórico, es una constante en las culturas y en muchos casos, un sinónimo de civilización. Las transformaciones del cuerpo están impuestas en el Ser Humano como algo natural, cotidiano y normal, al someterlo a diferentes cambios, ya sea por razones tradicionales, costumbristas o por los cánones de belleza propios de la comunidad.
En la actualidad, hombres y mujeres buscamos insistentemente métodos y recursos económicos para alcanzar la perfección de nuestra anatomía. Las transformaciones en la intimidad y estilos de vida giran en torno a este obsesivo propósito por conseguir una apariencia lo más apegada al modelo de perfección en boga. Al igual que las niñas en China toleraban estoicamente un proceso de hasta seis años para deformar sus pies y así acceder a una vida feliz, o por lo menos, con más posibilidades de casarse con un hombre rico, todos aspiramos la perfección física. Obedeciendo una programación cultural, alteramos la superficie hasta conformarla a los ideales estéticos, sociales y eróticos, creyendo que estas modificaciones nos darán un giro de tuerca completo, que cambiarán nuestra vida y que sus océanos de incertidumbre se evaporarán.
Naturaleza versus cultura
Una cara bonita es un regalo del cielo, un par de pies bonitos es trabajo mío.
Adagio chino
Hasta 1911 era común en China el término lirios o pies vendados, forma poética para referirse a la mujer a la que, durante la infancia, le habían modificado los pies con el propósito de tornarla estéticamente grácil.
De esa costumbre, poco entendida por los occidentales de hoy, no se conoce el origen exacto; se sabe que las bailarinas de palacio en el siglo 10 fueron las primeras en vendar sus pies con cintas de seda con la finalidad de acentuar sus delicados movimientos. Más adelante, las clases altas adoptaron esta novedad estética y en el siglo 16 la práctica se popularizó por el territorio chino y en todas sus clases sociales.
Los intentos de la dinastía Manchú por erradicar tan especial ritual de belleza fueron inútiles. Con el tiempo, el significado de realzar la gracia del movimiento derivó en una forma de restricción de los mismos, adaptándose el ritual a los preceptos femeninos defendidos por Confucio: vida doméstica, virtud, maternidad y trabajo manual. Fue la revolución la que puso fin a esa costumbre.
La deformación de pies pronto se convirtió en el símbolo máximo de belleza y erotismo; el dolor diurno quedó justificado con la probabilidad del placer nocturno.
Al verse limitadas las mujeres chinas desde niñas para moverse, esta práctica se consideró como un instrumento de opresión masculina. Dorothy Ko, en una serie de conferencias acerca de El erotismo en China, explica que “la dominación masculina sobre la mujer a través del vendaje de los pies es una razón importante, más no suficiente, para explicar que esta práctica se mantuviese durante mil años”.
En este contexto, existen al menos tres razones para la práctica del vendaje: La actitud china hacia el sexo y el placer derivado de él, los pies vendados como símbolo de feminidad y el estatus.
Del análisis de las pinturas del libro de arte erótico chino Dreams of Spring, Ko establece como la posible razón de la perpetuación de esta costumbre por tantos años el hecho de que “en China el sexo es visto como una fuente regeneradora de la naturaleza y el placer sexual femenino como un elemento clave para alargar la longevidad del hombre y esto es muy distante de la concepción católica de la sexualidad”.
En este entorno natural destaca la importancia de la ropa interior en la mujer y sus zapatos, los cuales nunca se quitará en presencia del hombre ni siquiera durante el acto sexual: “La naturaleza no es tan bonita como la cultura”, enfatiza Ko. El vendaje es una manera de rehacer el cuerpo para esconder la naturaleza y así despertar la imaginación erótica de lo oculto y lo prohibido.
Además de los motivos eróticos, Ko sostiene que "los chinos dan mucha importancia a cubrir los cuerpos con ropa porque ésta es una de las diferencias entre el ser humano y el animal". A su vez, la ropa, las joyas y muy especialmente los zapatos se convierten en símbolos de status, por la calidad de los materiales y la minuciosidad de los bordados; y de feminidad, ya que en el pensamiento chino la diferencia de género no es tanto biológica como cultural.
En ese territorio de Asia había toda una taxonomía de los pies. Se les llamaba lotos dorados sí medían 3 pulgadas; lotos plateados, si tenían una longitud de 4 pulgadas, y de hierro, si medían más. Los pies se convirtieron en objeto de devoción y del mismo modo sucedió con los zapatos.
Si deseas conocer el procedimiento de ésta modificación entra a este sitio.
Cirugía cosmética, los nuevos lirios
Lo bello es el comienzo de lo terrible que los humanos podemos soportar.
Rainer María Rilke
Los cánones de belleza artificial inalcanzables aún existen, procedimientos quirúrgicos más complejos que la deformación en pies están en boga, una inseguridad alimentada a diario por el Dios Mercado con nuevos cosméticos, como tratamientos con bisturí, dietas, ejercicios y moda invaden nuestra cotidianidad con la promesa de la perfección. La cirugía cosmética comienza cuando las personas identifican en su aspecto físico un problema que desean corregir cambiando su exterior para ponerlo en armonía con el interior; el problema reside en lo subjetivo que puede llegar a ser el concepto personal de la imagen corporal, en su contenido informativo, perceptivo y afectivo.
El término “cirugía plástica” proviene de la palabra griega plastikos, que significa reconstruir, moldear, modelar o crear. Dentro de la disciplina de la cirugía plástica se encuentra la estética o cosmética, que representa un uso particular de la especialidad y que centra su capacidad operativa en la corrección de algunos rasgos morfológicos no aceptados o no compatibles por los pacientes con los cánones de belleza mediáticos en una cultura determinada.
En el afamado texto The Beauty Myth, Naomi Wolf señala que vivimos en carne propia la “Era quirúrgica moderna”. Afirma, asimismo, que los sistemas digitales han creado modelos de belleza post-humanos, lo que hace que de alguna forma el imaginario individual se desplace hacia los llamados extremos de la belleza.
Cabe reflexionar sobre la forma adecuada de categorizar y nombrar a esta nueva adicción a las cirugías estéticas y el exhibicionismo asociado, en el que las personas generalmente adineradas y famosas pretenden reinventarse a y cambiar continuamente la apariencia mediante rinoplastias, lipoesculturas, implantes de mentón, de mejillas, estiramientos faciales y hasta coloración de la piel. Adinerados y famosos se someten continuamente a transformaciones quirúrgicas, a veces grotescas y estrafalarias, como implantes excesivos de silicona en los labios, senos y pómulos, entre otros, sin olvidar la aplicación intradérmica de botox, ácido hialurónico y biopolímeros al menos cada cuatro meses.
En muchos casos no desean ocultar sus rasgos sino resaltarlos. Es así como la estética del momento sigue al pie de la letra las tendencias de la globalización. Se producen constantemente oleadas novedosas de apariencias impactantes, se impulsan categorías estéticas particulares provenientes de las nociones de lo caótico y lo monstruoso, tales como la inestabilidad, lo dinámico, lo imprevisible, la indecisión en las formas; la turbulencia, la discontinuidad, lo aleatorio, el bricolaje y lo amorfo. Se habla de una teratología imperante (del griego tera: monstruosidad) que nos ubica en las nomenclaturas estéticas del feísmo y lo grotesco. Se rompe la norma clásica y la rigidez tradicional del juicio de valor estético y se origina la desmesura, lo informe y lo imprevisible.
En los años recientes hemos presenciado el nacimiento de una nueva industria del embellecimiento, en la que se hace hincapié en la magnificación de nuestras características sexuales, siendo así entendible el furor por agrandar mamas, glúteos y penes.
Mamoplastia de aumento
El implante de pecho es una prótesis usada en cirugía estética para aumentar el tamaño de las mamas (lo que se conoce como aumento de pecho o mamoplastia de aumento). El incremento de volumen de la mama no fue una técnica fiable sino hasta 1962, cuando Cronin y Gerow idearon los primeros implantes mamarios y cuya premisa desembocó en Dow Corning, empresa destacada por ser la suministradora global de siliconas.
Sin embargo, en 1992 hubo una alarma por las prótesis de silicona a las que se culpó de inducir enfermedades autoinmunes; aunque posteriormente se demostró que las afirmaciones eran infundadas. Las acusaciones tuvieron como resultado que hoy en Estados Unidos sólo estén autorizadas las prótesis rellenas de suero salino. Los implantes de gel de silicona han demostrado su inocuidad y se hallan autorizados por las autoridades sanitarias en la Comunidad Europea, además de contar entre sus atributos otorgar una apariencia “más natural”.
Las indicaciones clínicas para el uso de injertos de seno suelen ser para la reconstrucción de mamas y para otras anormalidades que afectan la forma y el tamaño de las mismas. Sin embargo, vemos que las razones más comunes para la intervención son meramente cosméticas.
El aumento de senos puede hacerse de varias formas, él medico determina cuál es la mejor, dependiendo del paciente. Durante la cirugía, el médico coloca implantes ya sea de solución salina o siliconas. Generalmente se hace una incisión en la parte inferior de la aureola para disimular la cicatriz del procedimiento. Si bien existen otras formas de introducir los implantes mamarios, ésta es la más común.
La fase post-operatoria suele llevar unas cuantas horas en el hospital y el paciente evitará cargar objetos pesados o hacer cualquier tipo de esfuerzo en las siguientes dos semanas.
La mayoría de las pacientes reincide en este procedimiento porque generalmente en la primera intervención solicita implantes más pequeños de lo que realmente desea.
Faloplastia
Se entiende por faloplastia cualquier procedimientos que se utiliza para la reconstrucción funcional o estética del pene, siendo la más frecuente la de crecimiento en longitud y grosor.
Durante esta operación se libera el ligamento suspensorio del pene mediante una incisión en la parte superior del tallo, obteniendo así una mayor proyección de los cuerpos cavernosos hacia adelante. Por medio de cánulas finas se realizan múltiples túneles en la extensión del pene para introducir material de relleno, que por lo general es grasa del mismo paciente. El aumento máximo que puede obtenerse es de entre 2 y 3 centímetros con respecto al tamaño original.
El periodo post-operatorio es de 24 horas como máximo y el paciente podrá reincorporarse a sus actividades cotidianas en dos días; se recomienda abstención sexual durante las dos primeras semanas.
La imagen corporal es como una huella digital, es un estado mental que se desarrolla desde el nacimiento y que es influenciada por factores históricos (aquellos que han ido dando forma a la manera percibir nuestra apariencia) y por factores actuales (aquellos relacionados con las vivencias diarias), que determinan cómo nos sentimos, pensamos y actuamos respecto a nuestra apariencia.
Dos dedos
Por Óscar Garduño Nájera
Te voy a contar una historia:
Tengo en mis manos tres fotografías y de alguna manera te tengo a ti (y a la vez a mí me tienen las tres fotografías). Ahora estiro los brazos hasta que las yemas de mis dedos tocan tus caderas y recorren los aeropuertos de tu piel mientras los aviones de tus pensamientos despegan sin contratiempo alguno; un corazón dentro de un molcajete da instrucciones de vuelo y de aterrizaje.
Y cuando desciendo por las primeras curvas te estremeces y estremeces aún más las alas de mis aviones que son meras extensiones de lo que tú dices cuando estás a solas, o de lo que haces con dos dedos, o de lo que siempre has querido hacer (niña perversa).
Tu cuerpo tiembla ligeramente como una nube deforme que un buen día se encuentra extraviada de las demás porque la han echado del pueblo de las nubes por tener truenos de pensamientos, rayos frente a los demás; rebeldía insólita en un lugar donde las más rebeldes son acaso las que pintan sus rostros de gris o de negro.
Me detengo por un instante y repaso la historia: el eco de mis palabras llena de sombras mi (¿o tu?) habitación. Bebo entonces de tu respiración agitada (¿huracanada?) y los dos nos transformamos en viento.
Abres la boca en forma de círculo, soplas y los dos salimos expulsados por una rendija de la ventana de tu recámara, donde hasta hace unos minutos estabas recostada en la cama pensando cómo una mujer puede hacer el amor en la soledad de sus piernas abiertas, ropa interior negra y pezones hinchados de sol.
Pasamos por una ciudad miniatura y me dices que si cierro los ojos puedo volar mejor. Tengo miedo a las alturas y no atino más que a agarrarme de tus manos, mientras tratas de meterme entre tus piernas, temiendo, quizás, una posible caída.
Por fin consigo entrar y juego con tus vellos erizados por un soplo que viene desde lejos; sonríes con sonrisa de nube y dejas caer en mis labios agua, un líquido aire que emana de ti; me pego más a tus piernas de vapor mientras en las alturas hacemos piruetas; seguramente abajo alguien nos está mirando y seguramente, de contar con alas, lo invitaríamos al cóctel que nos brinda el instante de la desolación.
Pero no.
Tú dejas escapar el líquido, yo intento mojar mi cuerpo y los dos somos como abejas distraídas en busca de un panal. Damos vueltas y nuestros cuerpos de aire se mezclan con suspiros. Me separo un poco de ti y te miro desde lejos. Luces como una fotografía en medio de las nubes y en cuanto quiero correr tras de ti desapareces y vuelves a aparecer metros adelante, lejos de mí.
Tendida en la cama solitaria y tu ropa interior negra. Llueve y las ventanas se empañan. Alcanzo a ver antes de desaparecer cómo dos dedos se pierden dentro de ti.
Te voy a contar una historia:
Circunsición ¿Cuestión de rutina?
Por Lydia Álvarez-Camacho
Soy de familia de diabéticos, lo que no sería un gran problema si no fuéramos también tercos y orgullosos. Más de una vez hemos vivido la terrible situación de que por el descuido de una herida en los pies, un miembro de la familia se enfrenta a una amputación. Fue mucho más radical en el caso de mi abuela paterna que en el de mi abuela materna, pero en ambos hubo llanto, tristeza y duelo por esa parte del cuerpo que ya no estaba más.
Cuando el prepucio de un varón no se desarrolla correctamente, es posible que sea necesario amputarlo. Sin embargo, en este caso rara vez los involucrados lloran, se sienten tristes o se permiten un periodo de duelo. Se considera que un hombre que se hace la circuncisión no pierde nada en realidad. ¿No es cierto que mucha gente lo hace incluso sin ninguna necesidad médica, por razones religiosas o culturales?
Algunas religiones, como la hebrea, prescriben la circuncisión de todos los varones, como una forma de marcar su pertenencia a la comunidad. La razón de fondo es debatible, pero Maimónides, un famoso rabino medieval, en su libro “Guía de Perplejos”, establece que el propósito es un perfeccionamiento moral, una forma de evitar el excesivo disfrute de la sexualidad, reduciendo la sensibilidad del pene.
La reintroducción moderna de la circuncisión tiene propósitos similares. Durante el siglo 19, los médicos la prescribían como remedio contra el “auto-abuso”; es decir, la masturbación, la cual se creía que provocaba neurosis e incluso la locura. Ya entrado el siglo 20, el Dr. John Harvey Kellogg, inventor del cereal para el desayuno, la recomendaba también, agregando que debía hacerse sin anestesia para que fuera conectada con la idea de un castigo y surtiera su efecto moral completo.
Es un enigma cómo fue que mucho tiempo después de que la masturbación empezó a verse bajo una luz más positiva, la práctica de la circuncisión persistió. Algunos creen que se debe al hecho de que los varones no son muy propensos a percibirse como víctimas. Si a ellos les habían hecho la circuncisión, debía ser algo bueno y si era bueno debían hacérselo a sus hijos. Los que proponen esta versión, la apoyan con el hecho de que, por lo general, en las familias donde la tradición se interrumpe, es por intervención de la madre, no del padre.
Hoy en día los pediatras están obligados a aclarar a los padres que la circuncisión rutinaria no es necesaria y que las medidas de higiene básicas son suficientes en la mayoría de los casos pero, por lo regular, los médicos no se niegan a practicarla si los padres lo solicitan porque la costumbre es difícil de romper. Por poner un ejemplo, en la comunidad judía las consecuencias de pasar por alto este ritual pueden ir desde la ruptura con familiares cercanos hasta el ostracismo total por parte de la comunidad.
En esta situación de gran presión, no se esperaría que los padres judíos decidieran romper bruscamente con la tradición; sin embargo, actualmente ya hay una pequeña minoría que sí lo hace. Unidos por medio de foros de Internet, han decidido adaptar sus creencias religiosas a sus nuevas convicciones, y cambiar el tradicional bris milah, por el llamado bris shalom, una fiesta de bienvenida sin circuncisión.
Si eso ocurre en la comunidad judía, no es de extrañarse que los grupos “intactistas”, como se les ha denominado, se hayan multiplicado en años recientes. Organizaciones como Intact America, NO HARMM y NO CIRC se oponen rotundamente a cualquier modificación genital que no sea realizada por razones estrictamente médicas. Esto incluye tanto las circuncisiones rutinarias, como la mutilación ritual de los órganos femeninos y también las operaciones de reasignación de sexo no consentidas.
Algunas feministas se muestran ofendidas de que se compare la circuncisión con otras operaciones mucho más radicales en donde el daño a la función sexual es evidente. Sin embargo, aunque es verdad que los hombres circuncidados pueden tener una vida sexual muy satisfactoria, los intactitas afirman que lo suyo es una cuestión de principio y que una persona no debería ser obligada a renunciar ni siquiera a un ápice de su potencialidad sexual sin una buena razón para ello.
Además, los estudios sobre la anatomía del prepucio y sobre cuál es su función en la respuesta sexual son muy nuevos. La difusión de estas investigaciones tiene el propósito de evitar que los médicos prescriban la operación con tanta frecuencia y que consideren detenidamente todas las opciones posibles, como lo harían sin duda en el caso de la amputación de una mano o un pie.
Hoy en día, incluso algunas circuncisiones terapéuticas tienen alternativas, como lo son la frenuloplastia o la prepucioplastia, que, por el momento siguen siendo opciones bastante costosas, y es difícil conseguir a tiempo un cirujano entrenado, aunque es posible que esto cambie en un futuro cercano.
Todo lo comentado hasta este punto puede proporcionar elementos para una decisión más razonada de los padres que están considerando la circuncisión. Sin embargo, para los hombres a quienes ya se le realizó la operación, la misma información no les serviría de mucho. No obstante, también hay buenas noticias para ellos.
Para aquellos varones que no se sienten contentos con su circuncisión, ya existe la opción de la restauración del prepucio. El tratamiento es caro y bastante largo, pero a pesar de todo, hay muchos que han optado por restaurar su prepucio. Existe incluso un grupo, la Nacional Organization of Restoring Men (NORM), que da apoyo psicológico y emocional para hombres que están considerando la restauración.
Para mayor información:
http://www.jewishcircumcision.org/ Centro Judío de Información Sobre la Circunsición
http://intactamerica.org/ Intact America
http://www.noharmm.org/ NO HARMM
http://www.nocirc.org/ No CIRC
http://www.cirp.org/library/anatomy/ Anatomía del prepucio
http://www.norm.org/ NORM
Historia de Rosario
Por Cristina Hernández
Rosario observó su brazo aún adolorido por la aguja, la rosa roja brillaba abrasadora, sus espinas negras resaltaron amenazantes. “!Nunca más! Esta rosa tiene espinas” se dijo. No volvería a permitir que le rompieran el corazón de aquella manera, le había dolido el tatuaje pero no más que el rompimiento con “el amor de su vida”. Rosario hoy rinde homenaje a su dolor y a sus ilusiones muertas. Del mismo modo que en el siglo 11, Amunet, sacerdotisa de la diosa Athor, señaló su valentía y madurez cuando marcó su cuerpo con puntos y líneas que hasta la fecha conserva como una de las más famosas momias tatuadas del antiguo Egipto.
La chica salió de la tienda de tatuajes y su aspecto llamó la atención de algunas personas, la perforación en su nariz, donde brillaba un pequeño diamante le daba un toque entre delicado y salvaje. “Estas modas de hoy” comentó una señora al señalarla despectivamente, sin embargo, los tatuajes han acompañado a la humanidad desde su inicio. En 1996 se encontró en un glaciar entre Austria e Italia un hombre del neolítico con la espalda y las rodillas tatuadas. La mujer que observaba a Rosario no está sola en sus juicios, quizá una de las primeras connotaciones negativas que se le dio al tatuaje fue un decreto que lo prohibía en la Roma de Constantino, el primer emperador cristiano. Más adelante se comienza a relacionar a los marineros con los tatuajes porque se les relaciona con los viajes del capitán Cook alrededor de 1769, cuyos tripulantes admiraron y aprendieron el arte en la polinesia para trasladarlo y hacerlo popular con el tradicional tatuaje de ancla; muchos de estos marineros eran también delincuentes que se hacían a la mar para evadir la acción de la justicia durante los meses que duraba el viaje, por lo que incrementaron la mala reputación del tatuaje. En Japón, después de una época de esplendor, el tatuaje fue reservado únicamente para los criminales. El tatuaje y las modificaciones corporales no son nada nuevo. Han estado presentes en todas las culturas y México no es la excepción. Desde antes de la Conquista, los antiguos mexicanos celebraban, adornaban y protegían su cuerpo con tatuajes, escarificaciones y modificaciones corporales como la limadura dentaria y las perforaciones.
Mientras Rosario espera el transporte, piensa si no se habrá contagiado de SIDA durante el proceso del tatuaje; su preocupación no es en vano, ya que a partir de los años ochenta, con la epidemia del SIDA, se supo que uno de los medios de transmisión de esta y otras enfermedades, como la hepatitis B y C son las agujas para tatuar, ya que si no son nuevas y debidamente esterilizadas, el equipo para tatuar es un medio de contagio al estar en contacto con sangre infectada con alguno de estos virus, una razón más para que quien porta un tatuaje sea mal visto.
En la parte de abajo de la rosa roja tatuada en el brazo de Rosario el símbolo japonés que simboliza la fuerza comenzó a drenar tinta y sangre, ella limpió delicadamente la lágrima roja y negra que escurría, recordó cuanto tiempo lloró y el miedo de comenzar una nueva vida después de 8 años de relación y siendo madre de una hija de 5 años. Se preguntó si sería capaz de enfrentar su vida sola y las lágrimas le llenaron los ojos. El tatuaje y el dolor van de la mano, el proceso de realizarlo es doloroso y en muchas ocasiones los motivos también. Los nazis marcaron cruelmente con tatuajes a los judíos que fueron presos los campos de concentración, especialmente en Auschwitz; los Mara Salvatrucha, pandilla de origen guatemalteco y salvadoreño se identifican entre sí por sus peculiares tatuajes, y desde hace muchos años los reos se marcan durante su permanencia en la cárcel con métodos rudimentarios e insalubres, recordando a sus familias, sus crímenes o sus creencias religiosas. Actualmente el tatuaje es un arte que no necesariamente tiene una connotación negativa; es moda, ritual, recordatorio, adorno y expiación.
Rosario respiro profundo y sintió que el dolor de la aguja al penetrar su piel había dejado salir de alguna manera el dolor que su separación le había causado, ya no era una cicatriz en el corazón, por el contrario, su tatuaje era un recordatorio de su fuerza y de lo valiente que sería de aquí en adelante. Un joven pasó frente a ella y por un momento detuvo su mirada en el tatuaje, buscó sus ojos y le sonrió con un toque de simpatía y coquetería, ella se sonrojó y extrañada lo siguió con la mirada mientras el joven se perdía en el anden del metro. Las espinas del tatuaje ya no se veían tan amenazantes, había algo sexy y atractivo en esa rosa roja rodeada de espinas negras con el símbolo de fuerza en un extremo, lo acarició y sintió que todo iba a estar bien. Rosario se sintió poderosa, bella, ahora la fuerza y sensualidad formaban parte de su ser y saldría adelante de cualquier modo, se sintió lista para conquistar al mundo. El vagón del metro llegó sacándola de su ensoñación, sacó de su bolsa unos audífonos y se los colocó en los oídos mientras hacía a un lado a las personas que se empujaban para entrar y salir del tren, había que seguir viviendo un día a la vez.
Monocromía cultural o los humores del barro
Por María Dolores Bolívar
La obsesión por lucir pálido es tan antigua como irracional. Cremas de perla, productos a base de yerbas y exfoliantes han pretendido desde la antigüedad eliminar las huellas de color que el sol y la genética producen en la piel. Su existencia y comercio revelan la voluntad de modificar el proceso natural de pigmentación, pese a los grandes riesgos que esto implica.
“Destos barros dicen que comen las damas por amortiguar la color”
Lope de Vega
La modernidad y el imperio Español revisitaron la narrativa del color, otorgándole una complejidad rayana en lo absurdo. El número de castas nombradas a partir de las combinaciones raciales que se expresaban en lo que se dio en llamar “color quebrado” (que no es otra cosa que la tez de diversas tonalidades) es símbolo de ese sistema de poder fincado en el color y la pureza de la sangre ―torna atrás, tente en el aire, albarazado, loba, barcino, zambuigua―. El contacto con nuevos mundos resaltó la intolerancia. Palidez y blancura cobraron fuerza en el imaginario de las nuevas culturas.
La extraña costumbre de mascar barro, capturada magistralmente en Las Meninas de Diego Velázquez (1656), iba de la mano con la llamada opilación y era frecuentada por las personas ―sobre todo las mujeres― para producir palidez. Al cabo del tiempo la opilación derivaba en problemas del hígado que imponían al paciente el consumo de hierro. Al consumir el hierro la persona debía caminar para facilitar su digestión y a dicha caminata se la llamaba “pasear el acero”. Este eufemismo, como tantos otros, da a ver la vergüenza que generaba el opilarse o blanquearse ingiriendo barro, no ya por el daño que se provocaba al bazo y al hígado, sino por el temor a que se revelase el color de la persona afectada.
Parecer blanco o que otros creyeran que lo eran era la meta mayor. En ese mundo obsesivo contra la diversidad expresada en la piel, el ser de “color quebrado” o las muchas categorías que el mestizaje imponía a quienes procreaban hijos por fuera de “su raza” o “su color” debió ser causa de un tremendo sufrimiento.
Pero todavía hoy, a la violencia que sigue a la disyuntiva de las canastillas rosa y azul, es frecuente escuchar en las maternidades referencias a la tez blanca o el pelo rubio de los recién nacidos. En la jerga popular “ser prieto” suele significar ser feo, como enuncia la célebre canción de Chava Flores, “¡Ay, qué re prieto escuincle!/Opinaron periodistas que lo fueron a mirar […]” A la inquietud de las madres por constatar la salud de sus críos se suma la de auscultar el color de su piel. El nacer moreno indica, de entrada, que no se está en la clase dominante y que, por ende, se avizora esa suerte de apartheid natural en el que viven los habitantes del mundo hispano que, virtud de siglos de colonización, han aprendido a relegar el color al espectro de las realidades que se eluden a guisa de supervivencia. En el mundo cotidiano la sociedad opera en base a filtros de tonalidad tan brutales que las personas se blanquean, hoy como en el siglo de Lope de Vega.
“Yo voy fingiendo, mi querido esposo,
que estoy descolorida y opilada […]”
Piel y patria blancas
Entre las muchas obsesiones que avivaron la sed de poder de Porfirio Díaz (1830-1915), durante los treinta años de su gobierno, están la de ser hombre científico, afrancesado, civilizado, pero, sobre todo, blanco. Los científicos era el nombre con el que se motejaba a los de su gabinete, por cuya apariencia uno destaca: José Yves Limantour (1854-1935). Nacido en la ciudad de México, Limantour encarna las obsesiones y enormes complejos de Porfirio Díaz como ningún otro personaje de nuestra historia.
Ministro de Hacienda cuando tenía 39 años (1893) Limantour recordaba al General su gloria justo a la edad en que lo abandonaba la fuerza de sus años mozos. Y vivía el General atormentado por la prestancia de su joven rival político. Para las fiestas del Centenario de la Independencia, a celebrarse el día del cumpleaños del dictador, Limantour fue enviado a Europa ―se piensa que a manera de eliminarlo de una posible transmisión del mando― Al compararlos, se puede ver los esfuerzos de Díaz por alcanzar su modelo físico. Ambos lucían el pelo cano y la tez blanca ―uno de forma natural y el otro virtud de los polvos que lo hacían parecer menos moreno. Los dos lucían el bigote cano, peinado y acicalado al estilo europeo.
En sus obsesiones, Díaz quiso parecer más alto, emulando a su colaborador que lo sobrepasaba por varios centímetros. Junto al color de la piel, aspiraba a ser dueño de un rostro anguloso, delgado, evitando la redondez más característica de su ascendencia oaxaqueña. Limantour era veinticuatro años menor que su jefe/general y lo sobrevivió por veinte. Ambos murieron en el exilio, uno derrotado por su ambición, el otro, marginado y condenado a una vejez sin pena ni gloria. En la lista de dolientes no figuró Limantour. Al final de su vida las diferencias obraron a manera de color entre el General émulo y su pálido secretario.
¡Me pretendes alba!
El proceso por el cual se elimina el pigmento de la piel varía en sus métodos. A veces se utilizan jabones, otras píldoras o cremas. En un mundo más sofisticado tecnológicamente cobran popularidad, también, el laser y los tratamientos quirúrgicos. En África, Asia y el Medio Oriente la tradición del blanqueado mediante el uso de químicos se remonta a la antigua Persia. El uso de la hidroquinona y la pintura natural utilizada por las Geishas se insertan también en esa tradición.
A menudo, el blanqueado de la piel va aparejado con otras formas de auto negación, tales como el teñido del cabello, la cirugía facial, la eliminación del vello, la modificación de pies, manos, rodillas y codos. Una brutal exfoliación de las extremidades recurre incluso a lijas o efectos similares de afectación de la epidermis como el de la piedra pómez o pómex, una roca ígnea, volcánica que se utiliza para exfoliar y eliminar la piel expuesta o rugosa.
La cruda realidad para millones de personas resulta de una visión supremacista que considera e impone el que la palidez o la blancura de la piel sea vista como equivalente a gracia, belleza, estatus social.
En un poema de Alfonsina Storni la castidad es equiparada al color, “blanca”, “nívea”, “alba”, “de espumas”, “nácar”. Lo blanco como símbolo de belleza predomina en la literatura, con frecuencia asociado a la tersura, la castidad e, incluso, a la pureza. Y blancos son los personajes no solo de la literatura sino también de la mitología, las religiones, la antropología, la sociología y la historia; así Blanca Nieves, Doña Blanca, Blanca Flor.
Los riesgos del blancor
Los tratamientos para el blanqueado de la piel abundan en el mercado. Pero no todos son controlados por médicos ―o debiera decir, por la ética médica. La hidroquinona se consume hoy cuál si fuese manzanilla. Poco importa a sus muchos consumidores que se trate de un agente tóxico nocivo para los ojos, la piel y otras partes del cuerpo. Sus muchos efectos negativos no impiden que se ensalce su poder blanqueador y cuanto ese efecto influye de manera singular en la piscología de las personas morenas.
Otros venenos, el ácido Azeláico, la Tretinonina o el ácido Kojic se utilizan para sustituir el uso nocivo de la hidroquinona. Menos dañinos que los químicos, aparecen también los tratamientos naturales, como el Arbutín ―a base de diversos tipos de moras―; la miel con azúcar morena y limón; las claras de huevo batidas, también con limón; el agua de rosas; el suero extraído de la leche; las cáscaras de naranja secadas al sol; el agua de arroz; el jugo de papa; las flores del saúco y el yogurt natural.
Socialmente, el tratamiento más efectivo es el de la negación. Se elimina a la morena de las pantallas, de las revistas, de la publicidad. Cuando ésta está presente su verdadera fisonomía se neutraliza. La Barbie afroamericana cuenta con las medidas exactas de la angloamericana. Su tez pareció concesión suficiente a un mundo culturalmente intolerante a la melamina. El color, construcción social por excelencia, se vale pero no las curvas, los labios protuberantes, las diferencias semióticas. Como en el texto de Creto Gangá (1811-1871) la monocromía elimina la exuberancia cultural que se expresa en la fisonomía de las razas:
“Es un compuesto de todo,
es entre hereje y cristiana,
es como su misma piel,
entre negra y entre blanca...”
La política de la negación del color
El pasado mes de junio se desató un nuevo escándalo racial en Arizona. R. E. Wall, director de la obra mural del centro de Prescott, titulado “Go on Green” recibió la instrucción de blanquear el color de los chicos que aparecían sobre su trabajo. Reflejo del blanqueamiento real, el blanqueamiento en la obra representativa prevaleció en la lógica del Director, el Concejal y los Miembros de la comunidad de marras. ¿Sorprende? No. Tratándose de una sociedad que no se mira al espejo y que cuando lo hace es para autocensurarse, la solicitud de eliminar el color resulta apenas lógica. Con iguales pretensiones se exigió en 1997 a Sandra Cisneros, propietaria de una pequeña casa morada en el distrito histórico King William de San Antonio, que pintara su fachada de acuerdo a la paleta de la tradición victoriana.
“El color es lenguaje e historia”, defendió Sandra Cisneros. La paleta que incluye el beige surrey, el azul de Sèvres, el verde Hawthorn o el gris de Plymouth Rock, se niega a registrar los tonos indígenas, el turquesa y el morado. El color no es más que otro elemento de una narrativa. La intolerancia lo censura, filtra o tonifica de manera arbitraria. “Tone down” se dice en inglés al proceso de eliminar disidencia, impulsividad y protesta del discurso cotidiano. Para Cisneros la resolución de aquel conflicto “más grande que mi casita” parecía simple: “If they're not visually bilingual, what are they doing holding a historical post in a city with San Antonio's demographics?” (Si no son visualmente bilingües, ¿qué hacen detentando puestos de rol histórico en una ciudad con la composición demográfica de San Antonio?)
Similar perspectiva aqueja a los gobernantes y comunidad que exigen hoy que los policías detengan a personas morenas para corroborar que se trate de trabajadores legales. Ajenos a que la pigmentación de la piel domina en el planeta sobre un número superior a quienes carecen de ella, los policías de Arizona han recibido la encomienda imposible de identificar en un mar de morenos a quienes, procedentes de México o de Centro América, se hallan en Estados Unidos sin papeles. Y lo verdaderamente preocupante es que reaparezca la ola de blanqueamiento con mayor fuerza, para urdir una tipificación arbitraria de la nacionalidad, la ciudadanía y la legalidad.
Michael Jackson, paradigma de auto negación
Vitiligo, Lupus o procedimientos químicos, resulta difícil explicar en pocas palabras el proceso por el que El Rey del Pop renegó de su fisonomía, su piel y su color, su familia, su comunidad, su cultura. Sometido a un número indeterminado de cirugías, cambió sus labios, su nariz, su cabello. Deseoso de occidentalizarse, recurrió a la química, sin dudarlo, para transformar su apariencia y sus tonos.
A mí, que disfruté de su música y de su talento como todos los de mi generación, me parecía que la obsesión por transformar su apariencia lo convirtió en una víctima más de la auto negación. Hacia el final de su vida Jackson se cubría el rostro, se disimulaba a sí mismo. Pese al reconocimiento que le llegó, casi como la consecuencia esperada de una popularidad fuera de serie, Jackson vivió obsesionado por transmutar el color de su piel y ser un blanco más, uno de esa minoría que sataniza a los de tez morena. ¿Y lo logró? Es probable que su muerte sea consecuencia de esa obsesión. Sometido al dolor de una piel para siempre sensible, adicto a calmantes, analgésicos y drogas que amortiguaban su existencia en eterna transición hacia la blancura.
¿Qué hacer?
Las opciones no son pocas, aunque la búsqueda no parezca adoptar la dirección deseada. El autoanálisis, es el principio. ¡Dejar de mutilarnos o de modificarnos! Como diría un amigo, “erotizar” la realidad sin dar pie a cambios dolorosos, aún menores. Los labios sin carmesí; las axilas y piernas sin afeitar; el rostro con todo y surcos; el cabello tal cual, sin planchas ni soluciones químicas y a tono natural, así sea cano, ralo, hirsuto.
¿Y la piel? Tal y como la pretende esa caja “Crayola Multicultural”: “diseñada especialmente para el aprendizaje participativo de la identidad, la familia y la comunidad, con sus nueve tonos necesarios para la mezcla interracial: Chabacano, siena quemado, cobrizo, durazno, sepia, beige, blanco y negro, para combinar.
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